12.31.2006

Cama


Tanta agua ha pasado bajo el puente.

Quizás agua, y palabras, alas, vuelos, salivas, sabanas, y uno que otro suspiro que se fue debajo de la cama, aquella que se convirtió en nuestro enclave estratégico. Hasta tu cama se fue. Ya no era la misma, la vieja y fiel que solía crujir más que nuestras propias agonías sobre ella. La del colchón ajado que guardaba nuestros olores más íntimos con el mismo silencio y solemnidad con el que era testigo de nuestro secreto más desbocado.

Ahora, aquel armazón era destinado al olvido, un objeto más sumado al abarrote de nuestras memorias. En su lugar, era implantado un gran box spring moderno, lujoso y blando, con más resortes que el Challenger; otorgando posibilidades inimaginadas en piruetas y saltos acrobáticos, además de eliminar la competencia de gemidos establecida desde un principio entre nosotros y el antiguo lecho. Con ella, nuevas historias comenzaron a procrearse, y las funciones camastiles continuaron, haciendo ya no a un solo inmueble cómplice de nuestras clandestinidades, sino a dos.

Menciono este asunto de la cama, por que si tu cama pudo cambiar de la tierra al cielo en este tiempo, ¿qué pudo haber pasado con nosotros? Es cierto, somos más que cuatro patas y un colchón, pero ¿somos diferentes ahora? Si es así..., ¿nos hemos vuelto camas esqueléticas y rotosas o somos mullidos acolchados con diseños de la NASA?

¿A quién guardamos secretos?.

...

12.26.2006

Experiencia Clitorídea



El otro día, cuando, paradójicamente, fui a ver al más macho de mis profesores hacer de abuela caliente y profetisa en una obra de teatro me encontré, con una absurda exposición de clítoris. No eran carneos y jugosos como podrían imaginarse los más bizarros visitantes de este espacio, si no que eran frías pinturas representantes, según la autora, una tal Johana, de la intimidad femenina.

Sin embargo, eran todos iguales. Y eso fue lo que más rabia me dió, por que la tal Johana, haciéndonos caer a todas en un mismo....em....¿saco? elevó un solitario y depresivo clítoris al nivel general. Expresó que un clítoris, el suyo, supongo, representaba la intimidad femenina. Gran error. Magno error. Y no solo por que la arrogancia me perturbe, sino por que se desmerece al curioso cúmulo carnoso con mas de ocho mil terminaciones nerviosas. ¡Ocho mil!.... Y sí, este pequeño gigante del sexo que está en todas aquellas cuyo género biológico sea el femenino; como una huella, reacciona de distintas maneras, logrando las más diversas sensaciones. Puede ser el origen del llanto, la miseria, así como del placer más intenso y sublime en cada mujer de manera distinta, defensa suficiente para no ser categorizado en una sola fémina.

Con ello no niego la posibilidad de representación, en absoluto; el arte es libre y cada quien es capaz de satisfacerse a si mismo de la manera que le plazca. Sin embargo, guardando las proporciones, en ese afán masturbatorio artístico, que no se intente contagiar del propio placer en la vacua presunción, al resto. Es como si alguien en pleno orgasmo intentara que su pareja sintiera lo mismo apuntándola con una pistola.

Por eso mi foto no es el clítoris que representa a la mujer.

De hecho, ni siquiera es un clítoris.

Sólo son un par de dedos, que con un poco de perspicacia, igual tienen relación con esta historia.

...

Ella y yo ¿y tú?


Si bien a ellos no les acompleja en absoluto, ¿Por qué mierda para nosotras es tan difícil eliminar a las ex parejas de la vida de tu pareja? Claro, como trabalenguas es divertida la cosa...pero si se piensa bien, es un verdadero conflicto después de todo estarte eternamente comparando con la yegua precedente. Y eso no es todo, por que si le agregamos que la yegua precedente no es más que una Barbie, deportista, y para peor desraizada de cerebro; no se entiende la razón de la soberana pica. Y es que no es pica.....es un odio tremebundo hacia ese portento de pelo brillante y ojos abrumadores. Pero te sobrepones y cuando te dibujas en tu mente a saludarla o toparte con ella, lo haces, por supuesto, en el mejor de tus días, con la ropa que mejor te queda, la piel lozana y perfumada y de la mano con el galán en cuestión, muy acaramelados.


Pero no, la vida es injusta para nosotras las mujeres, sí las mujeres, no los portentos, ni las insensibles, ni las material girls; las mujeres, y nos pone a esta sílfide en el día en que el síndrome premenstrual ha arrasado con nuestra humanidad, en un brote purulento digno de la mejor (o la peor?) pubertad en tu cara, en una tarde en que has salido apurada de casa con el buzo más ordinario que has encontrado, hinchada como un sapo y por esas mismas sutilezas del período, también hoy has encontrado que tu hombre es más insoportable que subir 8 kilos en un día.


Sí, te encuentras con esta sorpresita y ¿qué dices? Mientras ves a tu novio/pololo/amante/marido/pareja con la mejor cara de amistoso saludar a este bombón salido del catálogo Play boy, (por que para peor “ellos” quedaron tan de amigos) y tú intentas ocultar esa horrible mancha de cloro que te sonríe desde la polera.

- ......jejeje¡Hola!


Y cuando ella ya ha salido del perímetro y tú te has visto en el reflejo de alguna ventana para confirmar o desconfirmar ese pensamiento salvavidas de que tan mal no te veías, recuerdas que independiente de su físico divino, sus piernas de estrella del tenis, o de tu horrible existencia, el hombre siguió el camino contigo y está aquí, a tu lado, tratando de llevar tu mano alejándola de la gravedad como si con eso te salvara la vida.

De hecho, lo hace de repente, muchas veces.

Y esa idea te aliviana por mucho tiempo, por lo menos hasta que otra de esas yeguas se atraviesa en tu camino en otro de esos días interminables.


Motivos de unos dedos gastados.



Soy una mujer. Y eso, de por sí, es una tremenda definición y no amerita explicación alguna. Pero esa es la razon de esto, soy un tema tratado y una perspectiva nueva a la vez. Por eso escribo, para unirlo todo y rescatarme de alguna manera. No sé aún si quiero hacerlo, pero la duda consume, y mientras tanto me dedico a relatarles mis trazos en esta puta vida, que para nuestro orgullo y tristeza tiene sexo femenino.

Cuentenlo como una mera hoja blanca para dar rienda suelta a impulsos grotescos de expresión culturacorporales y de darme ¿por qué no? rienda suelta a mi misma y dejarme plasmada en el dolor de cabeza que seguirá a quienes se atrevan a leer.

Sí, esto es mero sudor femenino, sin complicaciones cosméticas que tapen lo que exhudo, pura sangre chorreante sin la censura del gore y definitivamente harta desnudez emocional, que completan estas letras de mi propia idiosincracia.